HOMENAJE AL PADRE MUJICA EN DIPUTADOS
1 Comments Published by pepe berra on martes, mayo 18, 2010 at 10:25 a. m..
Santa Fe.- Versión taquigráfica. Palabras del Diputado Provincial Gerardo Rico. Manifestaciones especiales. Sala de Sesiones de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe. 12 de mayo de 2010
El 11 de mayo de 1974 era asesinado a las puertas de la iglesia San Francisco del barrio porteño de Villa Luro el PADRE CARLOS MUJICA.
Esa acción indicó el comienzo de la larga noche en que se sumió el país, mostrando su punto mas gravoso desde 1976 instaurada la dictadura militar, eliminando mediante el terror y el asesinato las voces de igualdad y liberación política y social.
Aún suenan en la conciencia de la historia sus últimas palabras: “Ahora mas que nunca tenemos que estar junto al pueblo”
Esas últimas palabras mas que acallar la figura gigante del mas preclaro exponente de la iglesia en su opción por los pobres, la multiplicó en compromiso y consecuencia en la lucha.
Aquella iglesia que se levantaba en toda Latinoamérica como un orgullo para quiénes compartíamos su tránsito decía que
La dimensión política de la fe no es otra cosa que la respuesta de la Iglesia a las exigencias del mundo real socio-político en que vive, de la que no puede desentenderse.
Se trata de algo profundo y evangélico; se trata de la verdadera opción por los pobres, de encarnarse en su mundo, de anunciarles una buena noticia, de darles una esperanza, de animarles a una praxis liberadora, de defender su causa y de participar en su destino.
Porque ha optado por los pobres reales y no ficticios, porque ha optado por los realmente oprimidos y reprimidos, la Iglesia vive en el mundo de lo político y se realiza como Iglesia también a través de lo político.
En nuestro país la muerte del Padre Mujica es el punto de partida a la represión física e ideológica de esos postulados,
Con esa política de terror se impuso el imaginario de que el poder y los privilegios son inmutables.
Un claro mensaje no sólo para dentro de la iglesia sino para los que a su amparo estaban convencidos que el mensaje liberador era posible.
Queremos hoy, en la figura de Mujica recordar y reivindicar a muchos que como él con la sola fuerza de su fe y su compromiso inquebrantable estuvieron junto a su pueblo, y ofrendaron su vida.
A los obispos Enrique Angelelli y Carlos Ponce de León.
A los sacerdotes Gerardo Ferrari, Jorge Adurro, Gabriel Longeville y Carlos de Dios Murias; a los sacerdotes y seminaristas palotinos masacrados en la iglesia de San Patricio.
A las monjas Alice Dumon y Leoni Duquet.
Y a los mas de 30 sacerdotes, religiosas y seminaristas, junto a cuarenta y cinco dirigentes laicos desaparecidos.
Sus figuras y sus ejemplos siguen vivos, en las villas, en las organizaciones sociales, en las cooperativas que llevan sus símbolos, en las murgas que cantan las penas y los sueños.
No importó que su propia institución enmudezca aún hoy.
Porque ellos son patrimonio de todos y todas,
Quienes luchan con la idea de la dimensión del hombre solidariamente cristiano portan sus banderas,
porque estos hombres y mujeres existieron, estuvieron entre nosotros compartiendo las utopías y marcaron con su martirio el camino.
Para finalizar, señores diputados, quisiera compartir con ustedes la oración de Mujica, como un llamado de atención permanente sobre nosotros :
Señor, perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos, que parecen tener ocho años, tengan trece,
Señor, perdóname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas, de las que me puedo ir y ellos no.
Señor, perdóname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas, de las que me puedo ir y ellos no.
Señor, perdóname por encender la luz y olvidarme de que ellos no pueden hacerlo.
Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ello no; porque nadie hace huelga con su hambre.
Señor, perdóname por decirles “no sólo de pan vive el hombre” y no luchar con todo para que rescaten su pan.
Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí. Ayúdame.
Señor, quiero quererlos por ellos y no por mí. Ayúdame.
Señor, sueño con morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz. Ayúdame.
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